Las dietas no funcionan

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Dietas, dietas, dietas…

Cuando somos pequeños esta palabra ni siquiera nos quita el sueño, pero conforme crecemos quizás le vamos tomando mayor importancia –sobre todo las mujeres-, pues el constante bombardeo de la sociedad y de los medios de comunicación nos orillan a centrar nuestra atención en la apariencia: en que lo ideal es estar delgado, comer saludable y hacer ejercicio, pero sinceramente nuestra propia cultura es contradictoria, pues la misma promueve estereotipos que se tornan inalcanzables cuando sabemos que México es el segundo país con el mayor índice de obesidad en el mundo, lo que refleja una cultura alimenticia bastante pobre.

El problema con el cual se enfrentan muchas mujeres hoy en día –y como mencioné antes es producto de la misma cultura- es la obsesión por adelgazar, pues es lo que la sociedad considera como el ideal de una mujer. Y hacer algo por mejorar la figura no está mal, mientras no se lleve al extremo, como todo. En lo personal, me provocan risa los comerciales que prometen dietas con las cuales bajarás muchos kilos en pocos días, o aparatos para hacer ejercicio de manera sencilla e invirtiendo 45 minutos a la semana -por supuesto, anunciados por modelos con cuerpazos-, con los cuales lograrás un cuerpo increíble en poco tiempo. La verdad es que esto no funciona. Y las dietas tampoco.

Lo primero que la gente piensa cuando ha tomado la decisión de adelgazar es: “tengo que empezar una dieta, lo haré desde mañana”, pero el punto no es pensar en una dieta como algo a corto plazo, o tener un “plan” para ya no comer pasteles o frituras, por ejemplo, sino diseñar lo que yo llamaría un nuevo estilo de vida. Decidirse por bajar de peso no es cuestión de pensar a corto plazo, sino al contrario: tener bien en mente en que hay que cambiar nuestra forma de vivir. Al principio, se puede pensar que será difícil o incluso imposible dejar de comer chocolates, papas, postres y todo lo que muchos consideran alimentos que “le dan sabor a la vida”, pero lo cierto es que una persona puede cambiar su alimentación y seguir comiendo las cosas que le gustan siempre y cuando sea en poca cantidad y sólo en determinadas ocasiones.

Mucha gente piensa que es imposible acostumbrarse a comer saludable, dejar de tomar refresco e incluir en sus comidas frutas y verduras por ejemplo, pero lo cierto aquí es que la clave de todo es decidirse y posteriormente adaptarse al cambio. Con una actitud positiva y decidida se puede lograr cambiar hasta el punto en que comer saludable se convierta en algo cotidiano y parte de la vida de una persona.

La salida más fácil que encuentran ciertos individuos respecto al tema es simplemente mostrar indiferencia sobre su apariencia como un pretexto para seguir consumiendo comida chatarra, pero hay que tomar en cuenta que el comer bien no solamente va ligado a la apariencia, sino también es parte de llevar un estilo saludable, el cual ayudará a prevenir enfermedades y mejorar la digestión, entre otras cosas.

En México se formó un Comité de Expertos en Nutrición para proponer una solución a la orientación alimentaria, y gracias a sus esfuerzos en 1999 se publicó un proyecto de Norma Oficial Mexicana en el que se determinó los aspectos que deben considerarse siempre que se proporcione información sobre nutrición a la población mexicana. Esto integra el Plato del Bien Comer, el cual fue diseñado integrando comida que se adaptara a lo que la mayoría de los habitantes en México consumen -o más bien-, tienen a su alcance.

El Plato del Bien Comer ilustra la agrupación de los 3 grupos de alimentos: verduras y frutas (FV); cereales (C) y leguminosas y alimentos de origen animal (LA). La clave es combinar un alimento de cada grupo en cada comida y hacer tres al día. Un ejemplo de un desayuno podría ser comer huevo con jamón (LA), una rebanada de pan (C) y una fruta o jugo de naranja (FV). En la comida, podría ser un caldo de pollo con verduras (FV), una carne asada (LA) con ensalada (FV) y un poco de arroz o una tortilla (C). En la noche, cereal de fibra (C) con leche light (LA) y una manzana (FV). Si te da hambre entre comidas o tienes ansiedad, puedes comer una  fruta. También una buena alternativa puede ser una barrita de cereal sin azúcar o comprar jícama con chile piquín, por ejemplo. Otra cosa importante es tomar aproximadamente 2 litros de agua al día para purificar tu cuerpo.

Recuerda que cambiar tu estilo de vida es algo que está en tus manos y, si te decides, lograrás bajar de peso, siempre y cuando tengas paciencia. Quizás al principio se te haga un poco difícil resistirte a los chocolates, dulces, postres y demás, pero vas a ver que con el tiempo te vas a acostumbrar y se va a volver parte de tu vida el disfrutar comida saludable y balanceada. No lo olvides: querer es poder y cualquiera puede tener fuerza de voluntad si se lo propone.

Fuentes de información
PÉREZ Pavón, Vela Sofía. “La obesidad en México.” http://www.gimnasios.com.mx/scripts/articulos/contenido.asp?id=16 (Consultada el 21 de Septiembre de 2009).
“El plato del bien comer”. Fomento de Nutrición y Salud, A.C. http://www.fns.org.mx/index.php?IdContenido=46 (Consultada el 21 de Septiembre de 2009).

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